Mamá eres mi princesa

J se hace mayor. No hace falta ponerle una edad. Lo noto en todo lo que hace.
Amplía su vocabulario día a día y no sólo utiliza palabras nuevas sino que entiende perfectamente la dimensión de los conceptos por eso la anécdota de anoche me emocionó.
Estaba tan cansado que no quería dormir. Me pidió leche tres veces, quería meterse en la cuna de Jimena, no quería lavarse los dientes, no quería que le leyera un cuento, luego me pedía tres, quería quitarse el pijama, luego tenía frío… qué os voy a contar, una locura…
mamá eres mi princesaAl final le calmé acostándome a su lado haciendo que ignoraba por completo su estado de ansiedad y hablándole con voz suave empecé a recordarle lo bien que se lo había pasado este fin de semana con papá en Madrid, la ardilla que había visto en el parque, el kilo de barro que le salió de la zapatilla al ir a ducharle… poco a poco se fue calmando y empezó a bostezar.
Cuando comprobé que ya estaba tranquilo le dije:
– “Ahora hay que dormir que mañana tienes que ir a la guarde a pasártelo en grande… -Si mamá”, me contesto.
“Pues venga dame un beso y a dormir”, insistí. Entonces pasó. Me cogió la cara con fuerza y todo su lenguaje se concentró en un concepto que por ahora resume que soy para él: – “Mamá eres mi princesa”.
Como os podéis imaginar de poco muero de amor.

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